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09/28/2026
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En el mundo, la adquisición de bienes es un elemento esencial de vida. Día a día se establecen
metas que exigen un grado de éxito para así escalar el próximo peldaño y lograr aún más. La
presión que esto ejerce diariamente es inmisericorde. El afán del mundo dicta una pauta: arriba,
arriba, siempre hacia arriba.
Jesús dejó su paz, la que el mundo no comprende (Juan 14:27), para que seamos libres en Él.
Las Escrituras advierten sobre el afán, “Por nada estéis afanosos” (Fil 4:6-7). Esto no significa
que se debe ser apático ante los problemas y los retos de la vida, sino darle la importancia real
que cada uno merece. Pablo testifica sobre la importancia de vivir satisfechos con cualquiera sea
la situación, porque al final todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Fil 4:11-13).
¿La situación que le afecta está bajo su control? Tome las decisiones necesarias, asuma las
consecuencias y resuélvala. ¿No tiene la forma ni los recursos para hacerlo? Solicite ayuda (Gal
6:9-11). ¿Le preocupa algo que no está bajo su control? Presénteselo al Señor en oración,
reconociendo su señorío (Mat 11:28), confiando en que Él sabe y conoce lo que conviene (Sal
55:22). Las acciones de su pasado, ¿afectan su presente? Asuma la responsabilidad de sus actos
y descanse en su gracia (1Cor 12:7-10). El ayer es un pasado que no retornará, el mañana es un
futuro que aún no se vive, la vida es todo lo que tenemos en el intermedio.
Jesús enseñó que no hay razón para afanarse ni vivir en ansiosa inquietud. Dios tiene cuidado de
las cosas pequeñas, Él sabe de qué tenemos necesidad (Mat 6:25-34, Luc 12:22-31). El que es
nacido de nuevo (Juan 3:3) puede reposar en su paz, viviendo en la confianza de poder acercarse
al trono de su gracia (Heb 4:14-16). Así que, mientras haya vida se debe planificar para el
futuro, pero siempre contando con la ayuda del Señor (Stgo 4:13-15).
Mientras el mundo dicta un estilo de vida que en muchos casos lleva a la ansiedad y la depresión,
el Señor ha establecido su agenda, brindando paz, plenitud y el ofrecimiento de vida eterna para
que así se lleve el mensaje de salvación a toda criatura (Mat 28:19, Mar 16:15-16), hasta su
retorno.







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